El espejo

¿Qué es la meditación? ¿Para qué meditar? ¿Cómo hacerlo?

La palabra “meditación” es tan ambigua que corre el peligro de convertirse en un concepto vacío. Qué sea la meditación, para qué meditar y cómo hacerlo es un asunto difícil de definir en términos universales. De manera análoga a lo que ocurre con otras actividades humanas, las definiciones resultan problemáticas.

Desde nuestro punto de vista, la práctica meditativa tiene un propósito eminentemente pragmático. Se trata de transformar nuestras perspectivas (nuestra visión o interpretación de la realidad), y modelar nuestras actitudes con el propósito de actualizar las promesas innatas de nuestra mente y nuestro corazón.

Podemos juzgar el mundo con mayor inteligencia y podemos amar y cuidar más profunda y comprometidamente.

El punto de partida de cualquier estilo meditativo supone poner entre paréntesis o contener la compulsiva tendencia que tenemos a dejarnos arrastrar por los estímulos sensoriales y la ideación mental.

Lo habitual es que seamos arrastrados por la repulsión o el aferramiento que experimentamos. Nuestra primera tarea consiste en resistirnos a esta compulsión, evitando que esto nos empuje al ensimismamiento.

La experiencia permanece en estado de abierto, los sentidos plenamente funcionales, y nuestra capacidad cognitiva lúcida. Lo significativo en este caso es que no somos seducidos por las apariencias. Permitimos que se manifiesten y que se disuelvan naturalmente.

Cuando prestamos atención a la cualidad de este estado natural de la consciencia descubrimos dos cosas.

Por un lado, que ninguna de estas manifestaciones sensoriales (lo que vemos, olemos, sentimos, escuchamos o saboreamos), y ninguna de nuestras actividades mentales (recuerdos, fantasías, pensamientos, sentimientos o emociones) son parte intrínseca de la consciencia. En este sentido, la mente está vacía de existir en última instancia en cualquiera de los estados relativos que experimentamos.

Por otro lado, esa vacuidad o vacío de la mente no debe ser entendido como una nada. La contracara de la vacuidad es la luminosidad o lucidez de la mente. Justamente, porque la mente está vacía de existir de un modo determinado, puede manifestar todas esas diversas y cambiantes experiencias.

Una imagen que se utiliza para dar cuenta de estas dos características de la mente (vacuidad y luminosidad) es la del espejo. El espejo está vacío de cualquiera de las formas que eventualmente refleja, pero al ser un espejo, siempre está reflejando algo, aunque más no sea, la oscuridad de una noche cerrada.

 

 

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