La construcción del budismo moderno

Compartimos la publicación reciente del libro: La construcción del budismo moderno. Autor: David L. McMahan. Traducción: Juan Manuel Cincunegui. Publicado por Editorial Kairós.

McMahan ofrece una historia de la modernización del budismo y su exportación a Occidente, y un análisis de los elementos constitutivos de eso que ha dado en llamar el “budismo moderno”.

En las últimas décadas, las sociedades occidentales han experimentado una creciente influencia cultural por parte de diversas tradiciones orientales, especialmente el budismo. No solo se ha multiplicado la presencia de organizaciones religiosas budistas en el territorio, sino que, además, algunos elementos característicos asociados a dichas tradiciones han comenzado a formar parte de nuestro propio acervo cultural. En breve: el budismo, como ocurre con otras tradiciones religiosas originariamente no occidentales, hoy forma parte de nuestro paisaje cultural, de tal modo que la comprensión de su historia, transmisión e influencia resulta imprescindible para entender la conformación de los imaginarios sociales y las fuentes morales de nuestra modernidad occidental.

No obstante, para muchos europeos y estadounidenses el budismo continúa siendo una tradición foránea, ajena al espíritu de nuestras tradiciones más arraigadas. Sin embargo, lo cierto es que el budismo al que estamos expuestos, incluso en sus formas aparentemente más ortodoxas, es una tradición moderna híbrida, que echa sus raíces, no solo en la Iluminación budista, sino también en la Ilustración europea; en ella confluyen, no solo los diferentes cánones asiáticos, sino también el romanticismo y el trascendentalismo occidental; y no solo se distingue por sus prácticas secularizadas del mindfulness y la meditación, sino también por las prácticas discursivas y las estrategias institucionales que han adoptado las diversas escuelas como respuesta ante el choque entre las culturas asiáticas y los poderes coloniales.

Para la mayoría de los europeos y estadounidenses sin raíces asiáticas, el budismo es una religión cuyos elementos más importantes son la meditación, el análisis filosófico y la ética basada en el amor y la compasión. Todo esto combinado con una sofisticada psicología empírica que enfatiza la experiencia individual. Se la considera una tradición racional, que desanima el dogmatismo, mantiene una actitud crítica frente a la superstición, la magia, la adoración de imágenes y dioses. En ese sentido, se la interpreta como compatible en su mayor parte con los descubrimientos de la ciencia moderna y los valores de las democracias liberales.

Aunque esta imagen de un budismo secular puede encontrar justificación en elementos tradicionales del budismo que han existido durante siglos en Asia, en realidad se trata de una versión muy diferente de la comprensión que los budistas asiáticos han tenido de su tradición durante su larga y variada historia. Si bien es cierto que esta imagen modernizada del budismo no puede rastrearse de manera incontrovertida en los textos fundacionales, ni ha sido descrita por las tradiciones vivas a lo largo de su historia, tampoco puede considerarse una mera fantasía engendrada por las élites educadas de Occidente. Es, por el contrario, una nueva forma de budismo. El resultado de un proceso de modernización, occidentalización, reinterpretación, revitalización y reforma, que está teniendo lugar, no solo en el seno de las sociedades occidentales, sino también en los países asiáticos, desde hace más de un siglo. Estas nuevas formas de budismo han sido en su mayor parte confeccionadas por budistas asiáticos expuestos a los procesos de modernización, y entusiastas occidentales profundamente comprometidos en la creación de respuestas budistas a los problemas dominantes y los cuestionamientos de la modernidad, especialmente la incertidumbre epistémica que imponen los nuevos marcos de conocimiento posmetafísicos, el pluralismo religioso, las amenazas del nihilismo, los conflictos entre ciencia y religión, la guerra y la destrucción medioambiental.

El surgimiento de un tipo de reflexión budista sobre estos problemas es el resultado de una confluencia de culturas, individuos e instituciones en un momento de transformaciones rápidas y sin precedentes de las sociedades. Muchos intérpretes modernizadores del budismo, tanto asiáticos como occidentales, han imaginado que el budismo puede jugar un rol de renovación para Occidente, convirtiéndose en un acicate en el camino de transformación que exige la actual encrucijada planetaria en términos de la adopción de nuevas perspectivas y el cultivo de nuevas actitudes. Sin embargo, de acuerdo con estos modernizadores, la contribución budista a la cultura global exige a su vez una transformación del propio budismo, el cual debe ser reformado y purificado de sus elementos mitológicos y sus adiciones “supersticiosas”.

En este sentido, el budismo popularizado en Occidente, y entre las clases medias urbanas de las sociedades asiáticas, se caracteriza por el paulatino abandono de los elementos litúrgicos y rituales, la disminución de la relevancia de los aspectos milagrosos o los eventos supernaturales que describe la literatura budista, el abandono de la adoración de imágenes, y el énfasis en la compatibilidad de los imaginarios cosmológicos y sociales con la ciencia moderna, y los ideales humanistas y democráticos.

El estudio de David McMahan se inscribe en el marco de un renovado interés por la sociología de la religión, fruto de la crisis que ha supuesto el abandono parcial de las teorías de la secularización que anunciaban en un pasado reciente la desaparición de las religiones en las sociedades a medida que estas asumieran y fomentaran los ideales de la modernización y la racionalización de los mundos de la vida. La experiencia de las sociedades avanzadas ha demostrado, por el contrario, que el fenómeno religioso sigue vivo, aun cuando es cierto que ha sufrido profundas transformaciones, fruto en parte del pluralismo característico de las sociedades modernas, y las consecuencias reactivas de las diferentes formas de fundamentalismo que afectan a todas las tradiciones.

A partir de una interpretación de la modernidad que se aleja del optimismo ingenuo del progresismo, y el pesimismo de las perspectivas reaccionarias, McMahan ofrece una historia de la modernización del budismo y su exportación a Occidente, y un análisis de sus los elementos constitutivos de eso que ha dado en llamar el “budismo moderno”.

Por Juan Manuel Cincunegui

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